domingo, 28 de febrero de 2010

Himno


Un himno es un
poema lírico. Al igual que la oda, expresa sentimientos positivos, de alegría y celebración, por lo que suele festejar victorias. La palabra himno deriva del griego ὕμνος (hymnos), "una canción de alabanza". En un principio fue una composición coral, para después perpetuarse como género de poesía latina en la Edad Media.
Este vocablo, ha pasado a casi todas las lenguas de la Europa en un mismo sentido o significación. Los Griegos engalanaron el himno con los ritmos de la poesía y con los melodiosos encantos de la música. Tenían muchas especies de himnos: el invocativo, el laudativo, el admirativo, el votivo, el theogónico y el filosófico. Les himnos de
Orfeo pertenecen al género invocativo; los compusieron también de diferentes géneros Homero, Cleanto, Calímaco, Teócrito, Anacreonte, Tirteo, Safo, Simónides, Píndaro y otros. Los coros de la tragedia griega no eran otra cosa que himnos o invocaciones.
El himno profano llegó al más alto grado de perfección con Carmen seculare de
Horacio, compuesto por orden de Augusto el año 736, en el que un coro de mancebos y de doncellas cantaban alternativamente este himno de alabanza de Apolo y Diana.
En Oriente, en el rico
tabernáculo de Jehova resonaron por vez primera las alleluyas (alabad a Dios) compuestas por los legisladores, los Pontífices y los Reyes. Estos cánticos referían y celebraban la grandeza de Dios, su poder, su justicia, su inmensidad y su sabiduría infinita.
Los himnos más antiguos que se conocen son los de
Moisés y de Débora la profetisa que cantó uno en acción de gracias al Señor 2710 años antes de Jesucristo. Esdras ha recogido en la Biblia el mayor número de cánticos hebreos con este epígrafe: Sepertheillim, libro de las alabanzas.
Se cantaban los himno al son de las
cítaras y de las flautas por coros alternativos; el primero cantaba el himno y el otro, en determinados intervalos, repetía un dístico de intercalo o un refrán, imitando de este modo a los Serafines, que los Profetas han oído cantar alternativamente: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. Cuatro mil Levitas, cuyo jefe era Asaph, celebraban por turno estos cánticos en el templo del Señor bajo los reinados de David y de Salomón, dos celebérrimos himnógrafós de Israel.
Desde los primeros siglos de la
Era cristiana se introdujo en las ceremonias religiosas el uso de cantar Salmos e himnos. San Ambrosio compuso una infinidad de estos llenos de unción, sublimidad, y energía. Algunos Papas como Inocencio III, Clemente VII y San Gregorio los hicieron de una majestad sublime. Entre los cientos que usa la Iglesia católica citaremos el Stabat-Mater, producción de Inocencio III o de Japono Religioso de San Francisco, -según dicen otros; el Dies irae, composición de Tomás Celano, también Franciscano; el Ave maria stella, partió de la pluma de San Bernardo, el Veni Sancte Spiritus que lo fue de Inocencio III.
Pero los himnos que descuellan por la majestad, sublimidad y augusta locución en las ideas son los que compuso el Doctor de la Iglesia
Santo Tomás de Aquino para el rezo del Santísimo Sacramento y festividad del día del Corpus.

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